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Sobre Ana Coletas

Cómo empezó todo

Un día cogí los rotus

Tenía más de 40, y tras una vida dedicada al mundo del cine, me regalé una pausa, y no sé por qué, empecé a dibujar.

Pronto me pareció divertido ilustrar vajillas, de esa manera combinaba dos intereses vitales: decoración, crear atmósferas y hablar mediante dibujos de temas que me interesan.

Como reivindicar una debilidad, buscar la armonía, asumir un error, perdonar, reír, dar la gracias, saludar a los miedos, divertirse, elogiar la simplicidad, escucharse con curiosidad, jugar a la moda, observar las inseguridades, lo normal de ser distinto…

En definitiva: dar espacio a la creatividad.

Mis platos y vajillas pretenden ir más allá de su función básica; ojalá te hablen.

Y así surge Ana Coletas, una marca de cerámica decorada que produzco en ediciones limitadas solo tres veces al año, entre una película y la siguiente.

Ana Coletas

Fundadora

PLATOS QUE CUENTAN HISTORIAs

Cuando la loza se convierte en lienzo

Durante mucho tiempo, especialmente en Andalucía, las paredes de las casas se decoraban con platos de cerámica. No eran solo objetos cotidianos: eran piezas que contaban historias, que hablaban de los lugares, de las manos que los habían creado y de la vida que ocurría alrededor de la mesa.

Las piezas de Ana Coletas recuperan esa costumbre desde una mirada actual. Son platos pensados para la pared, pequeñas obras ilustradas que transforman un rincón de la casa en un espacio más personal y expresivo. Porque no todo tiene que colgarse dentro de un marco: la cerámica también puede ser un lienzo.

Cada diseño se produce en ediciones muy limitadas, lo que convierte cada plato en un objeto casi único, creado para convivir con quien lo elige y formar parte de su hogar.

Porque sinceramente, hay algo mágico en adornar los espacios de manera agradable; tiene el poder de transformar tu estado de ánimo por completo.

 

Qué me inspira a coger los rotuladores

Cojo los rotuladores casi siempre por el mismo motivo: contar de dónde vengo y qué me emociona.
En mis dibujos aparecen con frecuencia elementos muy ligados a mis raíces andaluzas y a los veranos en el interior de Málaga: los olivos, las aceitunas, la luz cálida, los objetos sencillos de la vida cotidiana.

También me inspira el mar y ese imaginario de los bañistas, de los veranos largos, del tiempo suspendido. Escenas tranquilas donde parece que no pasa nada, pero en realidad pasa todo.

Otra fuente constante de inspiración son los interiores. Los espacios habitados, las mesas, los objetos decorativos, las habitaciones con personalidad. Dibujar interiores es, en cierto modo, otra manera de decorar, una de mis grandes pasiones.

 

La ropa de los personajes es también un lenguaje propio: prendas reconocibles, personales, con carácter, como un pequeño homenaje a la moda entendida como expresión de identidad.

Y casi siempre aparecen mujeres canosas. Mujeres reales, de distintas edades, pensativas, tranquilas, presentes. No como símbolo de nada extraordinario, sino como un gesto sencillo de normalidad, de autoaceptación y de belleza vivida.

Todos estos motivos son los que, una y otra vez, me hacen volver a los rotuladores.